domingo, 24 de julio de 2011

Igualdad para todos



La no aprobación a la unión legal entre personas del mismo sexo, es un acto que va en contra del principio de la no discriminación e igualdad y atenta contra la igualdad de disfrute de los derechos humanos merecidos por ellos y ellas,  como son el de la protección de la familia, la igualdad ante la ley e integridad personal.

Para leer la convención interamericana de derechos humanos, por favor accede a:


¿Por qué negarles el disfrute de todos los derechos, si les exigimos todos los deberes? al igual que todos nosotros, deben pagar impuestos, obedecer la ley, ser productivos económicamente y servir a la nación. Por tanto a mismas responsabilidades, iguales derechos.





En la  convención en su artículo 24 se establece el derecho de la igualdad ante la ley, en el cual todos los ciudadanos tienen derecho a ser protegidos por el ordenamiento jurídico, sin ser discriminado. Por consiguiente, no hay motivos para que un homosexual tenga algún impedimento para ejercer este derecho, claro está: el ordenamiento jurídico no discrimina. Por lo cual no es importante la raza, religión, las creencias u orientación sexual para contraer un matrimonio. La ley permite a los cónyuges gozar de beneficios como lo son  herencias, los bienes gananciales, el seguro médico, las pensiones, beneficios por los cuales se luchan en pareja, no hay razones para considerar esta lucha diferente a la cual ejercen los heterosexuales. 





De forma similar, tenemos el derecho a la integridad personal, el cual textualmente indica: “Toda persona tiene derecho a que se respete su integridad física, psíquica y moral”. De manera que si un gay decide unirse con otro, esa es su decisión y el resto podremos no compartirlo, pero la decisión debe respetarse, y no juzgársele, ni humillarle. De igual manera ellos deben respetar el hecho de que algunas personas no compartan esa decisión.


Las sociedades son dinámicas y así deben ser las leyes. Los tiempos, las costumbres, personas, el entorno se ve afectado por la constante permuta. Son las mentes ortodoxas de algunos ciudadanos los responsables de trucar este proceso. En 1920 nadie imaginaba que la mujer fuera apta para votar, hace 30 años era inusual e inapropiado ver una pareja conviviendo sin estar casados; el marco jurídico se adaptó a las necesidades y por ende tenemos un país más justo, con mayor equidad y menos discriminación.

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